Actualizado: 13 de julio de 2026 · Por el equipo de RedSaber
La prueba de Lectura Crítica del Saber 11° evalúa tu comprensión lectora a través de tres competencias —identificar y entender contenidos locales, comprender cómo se articula el texto en su conjunto, y reflexionar y evaluar su contenido y su forma— aplicadas sobre textos continuos y discontinuos. Tiene 41 preguntas, todas en la primera sesión del examen, según la Guía de orientación del Examen Saber 11° 2026-1 del Icfes.
La prueba de Lectura Crítica tiene 41 preguntas en total, y a diferencia de Matemáticas o Ciencias Naturales, todas se presentan en la primera sesión del examen — no hay preguntas de Lectura Crítica en la segunda sesión, según el cuadernillo estándar del Saber 11°. Estas 41 preguntas se suman a las de Matemáticas, Sociales y Ciudadanas, Ciencias Naturales e Inglés para completar las cinco pruebas con puntaje del Saber 11°. Cada pregunta parte de un texto —continuo o discontinuo— seguido de un enunciado que plantea el requerimiento y cuatro opciones de respuesta. Como todas las preguntas están concentradas en una sola sesión, administrar bien el tiempo importa más que en otras pruebas: tienes que leer, entender y responder 41 preguntas basadas en textos distintos sin poder repartir el esfuerzo entre dos bloques del examen.
La prueba evalúa tres competencias, llamadas afirmaciones en el Marco de referencia del Icfes: identificar y entender los contenidos locales de un texto, comprender cómo se articulan sus partes para darle un sentido global, y reflexionar sobre el texto para evaluar su contenido y su forma. Comprender cómo se articula el texto es la que más peso tiene, con el 42% de las preguntas; reflexionar y evaluar pesa el 33%, e identificar y entender contenidos locales, el 25% restante. (Fuente: Tabla 23, Guía de orientación del Examen Saber 11° 2026-1, Icfes) La primera competencia se queda en lo explícito: ubicar una palabra, un dato o una idea puntual dentro del texto. La segunda exige relacionar distintas partes del texto entre sí, e inferir lo que no está dicho directamente. La tercera va más allá del texto mismo: cuestionar la intención del autor, la validez de un argumento o el uso de un recurso retórico. Si sientes que entiendes lo que lees pero fallas en las preguntas más analíticas, tu punto débil probablemente está en la segunda o la tercera competencia, no en la comprensión básica.
Los textos continuos son los que se leen de manera secuencial, organizados en frases, párrafos, secciones o capítulos — novelas, ensayos, columnas de opinión, textos filosóficos. Los textos discontinuos no siguen ese orden lineal: son cuadros, gráficas, tablas, infografías o publicidad, donde la información se organiza espacialmente y no en un hilo de lectura único, según la Guía de orientación del Icfes. El examen no reparte las preguntas por igual entre los dos tipos: los textos continuos dominan la prueba, mientras los discontinuos ocupan una porción menor pero constante. Reconocer de entrada qué tipo de texto tienes en frente cambia la estrategia de lectura: un texto continuo pide seguir el hilo argumentativo de principio a fin, mientras uno discontinuo pide ubicar relaciones entre elementos — ejes, columnas, categorías — antes de responder. Practicar ambos formatos por separado, no solo textos largos de lectura tradicional, es clave para no perder tiempo interpretando una gráfica el día del examen.
Los textos informativos son los más comunes: los informativos filosóficos y los informativos no filosóficos concentran cada uno el 30% de las preguntas, para un 60% del total. Los textos literarios continuos —novelas, cuentos, poesía— representan el 24%. Los textos discontinuos, tanto literarios como informativos, se reparten el 16% restante (8% cada uno). (Fuente: Tabla 22, Guía de orientación del Examen Saber 11° 2026-1, Icfes) En la práctica, esto significa que la mayoría del examen gira en torno a textos informativos de cierta densidad conceptual —argumentos, posturas, explicaciones— más que a narrativa pura o a gráficas. Si tu preparación se ha concentrado solo en leer cuentos o novelas, estás dejando sin practicar el 60% del examen. Vale la pena exponerte a textos de opinión, ensayos cortos y artículos de divulgación, que es el tipo de material que más se repite en esta prueba.
Mejorar en Lectura Crítica depende más de la práctica constante con textos variados que de memorizar teoría de comprensión lectora. Empieza por identificar en cuál de las tres competencias fallas más — ubicar información puntual, relacionar partes del texto o evaluar su contenido — resolviendo simulacros cronometrados y revisando en qué tipo de pregunta te equivocas. Practica con la mezcla real de textos que trae el examen: informativos filosóficos y no filosóficos (el 60% de las preguntas), literarios continuos, y también discontinuos como tablas e infografías, que suelen practicarse menos. Leer con regularidad —noticias, columnas de opinión, ensayos cortos— entrena la velocidad y la comprensión global sin depender solo de simulacros. Para identificar esos vacíos antes del examen, RedSaber ofrece un banco gratuito de más de 1.000 preguntas reales de Lectura Crítica, con textos en el mismo formato del Saber 11°.
Preguntas reales del banco de RedSaber, resueltas y explicadas paso a paso:
Ver también: Estructura del Icfes Saber 11° · Tipos de preguntas en Lectura Crítica · Textos continuos y discontinuos: diferencias y ejemplos · Plan de estudio de 12 semanas